MÁS QUE DE LA DERECHA DEL PSIQUIÁTRICO


Un amigo de Fernando Andrés Sabag Montiel, el hombre detenido por gatillar con un arma cargada contra la vicepresidenta Cristina Kirchner, habló de la personalidad del atacante a quien tildó de «mitómano», «siempre sufrió bullying» y consideró que el ataque de este jueves por la noche «era de esperar porque ya no tenía nada que perder».
«Lo conozco desde 2004. Siempre nos juntábamos. Éramos parte de una subcultura urbana. Siempre tenía una petaca en la mano, siempre se la agitaba a la gente, siempre aparecía morotoneado. Era el pibe al que todos le hacían bullying», contó Mario.
«Si estuviéramos en la escuela, él sería el gordito marginado. Éramos pibes y teníamos que descargarnos con alguien. Y él era ese alguien. Una noche el líder de nuestro grupo de amigos lo estaba cargando mucho, él se cansó, lo agarró a las piñas y lo dejó tirado en el piso”.
«Hay un montón de cosas que me terminan cerrando ahora. Siempre fue un paria y un marginado de los grupos, entonces era de esperar. No sé si en este nivel, pero era de esperar. Cuando más represión, más revolución. Ya no tenía nada que perder».
Mario dijo que «era un tipo solitario, muy dependiente de su madre fallecida» y que inventaba historias «para hacerse notar». Y lo ejemplificó en las apariciones televisivas del detenido, en las cuales dio definiciones políticas: «El quería ser reconocido».
Además, relató una anécdota sobre la última vez que se cruzaron. Mario estaba esperando el 109 en la parada de colectivos, rumbo a la casa de su madre. En ese momento, se cruzó con Sabag Montiel. «Me dijo que le faltan 10 lucas para comprar un fierro. ‘Me estoy yendo a la villa para comprar un fierro. Estos peruanos me deben como 100 mil pesos y ya estoy cansado’.
«Era dueño de tres autos que los alquilaba como remis. Uno de los conductores no apareció nunca más, le robó el auto y supuestamente era peruano. Si me pongo a especular, era el mismo que le debía plata. Pero él era bastante mitómano. Por eso nadie le dio bola nunca».
También contó que un día fue a la casa de la abuela de un joven que vendía armas para pedirle una porque lo estaban persiguiendo para matarlo: «Según él lo quería matar. Un delirio total, no me extraña que sea un psiquiátrico».
«Según el siempre tuvo fierros y se iba a disparar al campo. Pero como lo teníamos de mitómano, lo dejábamos hablar».
Por último, habló del ataque a Cristina Kirchner: «Sigo en shock, no lo puedo creer. A mi me da mucha pena pero cuando uno es adulto decide y hay que hacerse cargo». Y no descartó que alguien lo haya influenciado: «Estás decisiones creo que no se toman de uno. De tanto abuso que ha sufrido, él explotó».