La ciencia para dejar de fumar – Puntos de vista –

Si el tabaco es el principal enemigo de la salud pública, es lógico y deseable que haya mucha y buena ciencia detrás. Y efectivamente la hay. Los datos de los estudios sobre el coste en vidas y sufrimiento son abrumadores; basta recordar tres de ellos: el tabaco mata a más de ocho millones de personas cada año, acorta la vida unos 10-11 años de media a quienes fuman toda su vida y, de una u otra forma, acaba matando a la mitad de los fumadores. También son contundentes los datos sobre los beneficios de abandonar el tabaquismo: dejar de fumar antes de los 35 años evita casi toda la mortalidad anticipada, hacerlo a los 60 años mejora la esperanza de vida en tres buenos años e incluso pasados los 60 sigue reduciendo la mortalidad y el riesgo de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

¿Qué evidencias científicas hay sobre toda la panoplia de métodos para abandonar este hábito?

Está claro que lo mejor que pueden hacer por su salud los 1300 millones de personas que fuman actualmente, la mayoría en países de ingresos medios y bajos, es dejar de hacerlo. Pero, ¿qué evidencias científicas hay sobre toda la panoplia de métodos para abandonar este hábito? Hay infinidad de estudios sobre la efectividad de fármacos, parches y chicles de nicotina, cigarrillos electrónicos con o sin nicotina y otros métodos que ofrecen resultados más bien discretos cuando se mide la tasa de éxito a partir de los seis meses. Vencer el deseo de fumar asociado a la adicción que crea la nicotina es el objetivo de estos métodos, y lo que se sabe es que hay fármacos que ayudan y que los cigarrillos electrónicos probablemente ayudan a dejar de fumar más que los parches y los chicles de nicotina. Pero para lograr dejar de fumar hay un factor adicional determinante que está relacionado con la voluntad y la motivación.

Para reforzar la decisión de dejar de fumar se han ensayado infinidad de intervenciones de apoyo conductual (desde la orientación y el ejercicio hasta la hipnosis), quién la administra, qué mensajes de ayuda se dan, por qué canal, con qué frecuencia, durante cuánto tiempo, etc. Las posibilidades son muchas y hay centenares de ensayos clínicos sobre intervenciones no farmacológicas que ha habido que resumir en decenas de revisiones sistemáticas. Para destilar todo este conocimiento se ha hecho recientemente una revisión de revisiones Cochrane (overview of reviews o revisión global), y sus resultados permiten sacar ya algunas conclusiones. La primera es que el asesoramiento conductual es una ayuda eficaz para dejar de fumar y que la estrategia que mejor refuerza la voluntad es ofrecer una compensación económica a quien se mantiene firme sin fumar. Eso sí, este refuerzo solo funciona si la retribución es a corto plazo y está garantizada.

El conjunto de la investigación también va poniendo en claro que la combinación de estrategias (por ejemplo, cigarrillo electrónico, asesoramiento y retribución económica) funciona mejor que una intervención aislada. Queda todavía mucha investigación por hacer, principalmente para aclarar la eficacia del asesoramiento para dejar de fumar a través de medios electrónicos, por ejemplo, mediante SMS, aplicaciones de teléfonos móviles o vídeos en tiempo real, además de seguir investigando si, como parece, es más eficaz insistir en los cómos que en los porqués. Pero lo que ya está fuera de toda duda es que retribuir a quien deja de fumar es efectivo, pues el grado de certeza de esta evidencia es alto y no hace falta, por tanto, seguir estudiándolo. Quizá tampoco hagan falta muchos estudios sobre la rentabilidad de la intervención, pues el 5,7% del gasto sanitario mundial es atribuible al tabaquismo. Y, si sumamos los gastos sanitarios y las pérdidas de productividad, el coste total del tabaquismo equivale al 1,8% del producto interior bruto anual del mundo entero. Ahí es nada.

Fuente: intramed