El Patriarca de Constantinopla dice que las religiones pueden traer «libertad, igualdad y fraternidad» al mundo

En la crisis provocada en el mundo actual por un progreso científico y tecnológico incapaz de dar respuestas a los problemas existenciales más profundos del ser humano, las religiones pueden desempeñar un papel positivo y ser aliadas de las estructuras políticas en la «sagrada tarea» de promover «la libertad, la igualdad y la fraternidad».

La tarea que las religiones deben y pueden tener en el mundo de hoy, siempre que busquen el diálogo y no se rindan ante el fundamentalismo, fue el centro de la intervención del Patriarca Ecuménico Bartolomé en la reunión celebrada hoy en Abu Dhabi en el primer aniversario del documento firmado por el Papa y el gran imán de Al Azhar.

«Nunca antes», dijo Bartolomé, «habíamos poseído tanto conocimiento científico y actuado tan violenta y destructivamente contra la naturaleza y nuestros semejantes». «La autonomía de la ciencia y la tecnología respecto de las necesidades vitales del hombre, junto con la globalización, el cientificismo y la falta de respeto por la naturaleza »constituyen un gran peligro no sólo para una sociedad solidaria, sino aún más para la supervivencia de la vida en la tierra».

«Las religiones -añadió- no pueden reemplazar a la política y no tienen como objetivo hacerlo. Sin embargo, pueden inspirar actividades civiles y políticas, concienciando sobre el progreso de la cohesión social, la protección de la creación, el desarrollo sostenible y el establecimiento de una cultura de la fraternidad. Pueden proponer persistentemente soluciones que rechacen la guerra y la violencia, y en su lugar luchen por la tolerancia y la solidaridad».

Recordando entonces que «no hay paz en el mundo, sin paz entre las religiones; no hay paz entre las religiones, sin diálogo interreligioso», el Patriarca dijo que en el «Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común» encontramos la brújula que guía el camino hacia la paz universal y la cultura de la solidaridad: la reconciliación y la fraternidad entre creyentes y no creyentes, y entre todas las personas de buena voluntad; «el rechazo de» la violencia y el extremismo ciego; «la afinidad y la cooperación» entre el Este y el Oeste, el Norte y el Sur; «la fe en Dios que une los corazones divididos y eleva el alma humana».

«Tenemos -concluyó- el destino; conocemos el camino. Lo que necesitamos es una acción común y la determinación de avanzar. Para nosotros los creyentes, este esfuerzo es un verdadero testimonio de la esencia de nuestra fe en el Dios misericordioso».

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