Kawsay: Una respuesta a la explotación “silenciada y encubierta” de la trata

Cada 30 de julio, se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Trata de Personas. En la Argentina, la Red Kawsay, que forma parte de la Conferencia de Religiosas y Religiosos (Confar) trabaja desde hace nueve años para erradicar este flagelo de la sociedad, una tarea que constituye un desafío “doloroso y esperanzador”, reconocen sus inspiradoras en diálogo con AICA.
“Vive, vive ahora, ya”, es el significado en quechua de la palabra “Kawsay”, que da nombre a una red de lucha contra la trata de personas, que desde hace nueve años trabaja ininterrumpidamente para erradicar esta esclavitud que afecta a la sociedad.

Este 30 de julio, Día Mundial de la Lucha contra la Trata de Personas, la Red Kawsay realizará actividades en distintos puntos del país, con el objetivo de llevar su mensaje a más personas, concientizar y sensibilizar sobre el flagelo de la trata.

La red comenzó a formarse hace nueve años, cuando un grupo de religiosas soñó un espacio intercongregacional comprometido en la lucha contra la trata. Animadas por una propuesta surgida en un taller realizado en Perú, comenzaron a reunirse en Buenos Aires, y mientras la red comenzaba a tomar forma en otros países latinoamericanos, surgía también en la Argentina.

Sintiendo profundamente el significado de la palabra “Kawsay”, las religiosas comenzaron a capacitarse, a fijar objetivos, y se fueron sumando más hermanas y hermanos, religiosos y laicos, con el proyecto de extender la red a otras provincias. A mediados de 2014 se realizó el primer encuentro nacional, al tiempo que la red comenzaba a articular con otras organizaciones del país y del continente, tomando contacto también con la red madre: Talitha Kum, que tiene presencia en 70 países de los cinco continentes.

Se trata de un desafío “doloroso y esperanzador”, admiten: doloroso, porque implica tomar contacto con el dolor de tantas personas víctimas de este delito, también con el desinterés de tanta gente que debería ocuparse del tema. Y esperanzador, al ver el compromiso de mucha gente que le hace frente a este flagelo que afecta a toda la humanidad, “porque sentimos que si una persona lo sufre, esto nos hiere a todos”. En su tarea, aseguran, “sentimos muy cerca las palabras de Jesús, del texto del Evangelio de Juan que anima el trabajo de la red Kawsay: ‘He venido para que tengan vida, y vida en abundancia’”.

En declaraciones a AICA, la hermana María Silvia Olivera, integrante de la red, explicó: “La trata de personas es una herida muy profunda para la humanidad, un pecado grave que atenta contra la dignidad e integridad de millones de personas y por ello, la Vida Consagrada quiere ser una voz de alerta y de compromiso permanente, ante este clamor, silenciado y encubierto por sistemas de vida y de consumo, que promueven una relación mercantilista y de explotación entre seres humanos”.

En ese sentido, mencionó las acciones de “prevención, sensibilización y reflexión en los ámbitos eclesiales y de la sociedad civil” que la red lleva adelante.

Actualmente, la red Kawsay tiene presencia en las regiones, Buenos Aires, Centro, Litoral, Cuyo y NOA. En la Patagonia, próximamente se conformará un equipo y en el NEA se tiene contacto a través de consagradas y de la Red Infancia Robada.

En su organización, la red cuenta con un equipo de coordinación nacional, encabezado por la hermana Ester Robles MSSpS e integrado por referentes de las regiones activas y un equipo coordinador de la región NOA.

En cada una de las regiones, los equipos están integrados por consagrados de distintas congregaciones, laicas y laicos comprometidos con la construcción de una sociedad sin trata de personas, que trabajan en red y desde la riqueza de los carismas, anuncian la Buena Noticia de Jesucristo, con acciones concretas a favor de la vida, la dignidad, la justicia y la solidaridad.

La misión se realiza a través de la articulación de recursos y acciones para la sensibilización, concientización, capacitación, acompañamiento y asistencia a personas afectadas por la trata, en los diferentes ámbitos de la sociedad.

Entre las acciones que se realizan están las relacionadas con fechas claves a nivel mundial y propias por la erradicación de la trata, que tienen ver con la comunión universal, la vinculación de la red con otras redes que tienen un compromiso similar y la posibilidad de hacer una incidencia más significativa, en la mejora y el cumplimiento de la leyes a favor de las personas afectadas por la trata.

En ese sentido, realizan actividades de prevención, sensibilización, concientización y capacitación, a través de jornadas de oración, talleres, encuentros, campañas, concursos, murales. Están presentes en ámbitos educativos, parroquiales, acontecimientos eclesiales a nivel nacional y en otros espacios donde se trabaja o atiende la problemática de la trata.

“Se tiende a trabajar en red con instituciones, organizaciones de la comunidad católica, otras confesiones, organizaciones no gubernamentales, organismos oficiales y personas interesadas en general, a fin de promover acciones de prevención y de incidencia en lo social y político”, detalló la hermana María Silvia.

“En cada una de las regiones las actividades van tomando características diferentes y el compromiso va creciendo a medida que se va tomando más conciencia y teniendo más cercanía con esta realidad tan dolorosa y aberrante”, añadió.

“No obstante las numerosas actividades que forman parte del caminar como red, también sentimos como desafíos, tener más incidencia en los ámbitos pastorales, promoviendo un compromiso con la prevención y la solidaridad con la personas afectadas por la trata, tener más instancias de incidencia en lo social y político, en materia de modificación de leyes de trata, promover la formación de voluntarios y agentes multiplicadores, extender la red a otras provincias, localidades y zonas fronterizas e integración de nuevos miembros a la red”, reconoció.

El camino de la Red Kawsay es un camino de logros y desafíos, confiando en que Jesús “allanará todos los caminos que conducen al respeto de la dignidad humana, a la reparación del daño causado, al rescate de las personas afectadas por la trata de personas y a una sociedad que cuide y defienda a sus miembros, con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza”.

Teresita del Valle Salas, miembro de la sede riojana de la Red Kawsay, se remontó a los comienzos del proyecto en su provincia, surgido hace dos años ante el dolor por la desaparición de Ramona Peli Mercado y otros casos de trata. “Religiosos y laicos nos vimos motivados a asumir un compromiso contra este flagelo, integrándonos a la Red Kawsay, que ya estaba presente en las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero”, recordó.

“Sentimos que no podemos ser ajenos al dolor de las personas afectadas por este cruel delito, sino que debemos asumir como Iglesia la responsabilidad de actuar”, afirmó.

En ese sentido, expresó: “Estamos convencidos que la trata de personas se puede prevenir. Para ello es necesario brindar herramientas a nuestras comunidades, para que no caigan en estas ‘redes de muerte’” advirtió, y animó a acercarse a la comunidad, con el fin de “romper prejuicios, de generar un espacio de diálogo, de escucharnos, de proponer alternativas para defender la vida, especialmente donde las personas son consideradas una mercancía y expuestas en un sistema de explotación laboral, sexual y venta de órganos”.

“Esperamos el acompañamiento de más miembros de la vida consagrada, para que junto a laicas, laicos podamos seguir tejiendo ‘redes de vida’ en esta provincia, rica en patrimonio espiritual por el legado de Mons. Angelelli y sus Compañeros Mártires recientemente reconocidos, de una amplia diversidad cultural, con un gran movimiento migratorio y una frontera que comienza a ponerse en movimiento”, anheló, depositando su confianza “en Jesús, María y Santa Josefina Bakhita”.