El acuerdo con la Unión Europea es una oportunidad

El acuerdo entre la Unión Europea con el Mercosur provoca sensaciones encontradas. Por un lado, están quienes sostienen que se está ante una inédita oportunidad de prosperidad al poder vender con menos trabas en el mercado más grande y con salarios más elevados del mundo. Los detractores resaltan la amenaza para la industria local, la posible desaparición de muchas pymes y el riesgo de retornar a un perfil productivo más primario.

En términos simplificados, el acuerdo establece que se liberalizará el comercio entre la Unión Europea y los países del Mercosur en el término de 10 años. Para algunos productos sensibles, a definirse, este plazo podrá extenderse a 15 años. Uno de los puntos más controvertidos es que los sectores industriales hoy protegidos del Mercosur –como automóviles, autopartes, maquinaria, químicos y farmacia– deberán ser liberalizados mientras que ciertos productos agroindustriales donde el Mercosur es competitivo –como carnes de vaca, cerdo y pollo, azúcar, etanol, arroz, maíz, miel y lácteos– tendrán cuotas.

¿Es conveniente el acuerdo para la Argentina? Una manera de aproximar algunas respuestas es analizando el comercio de la Argentina con los tres bloques comerciales más importantes del planeta en el periodo 2014 – 2018. Según el INDEC se observa que:

  • A la Unión Europea se le exportó por U$S 9 mil millones anuales y se importó por U$S 11 mil millones, generando un balance negativo de U$S 2 mil millones.
  •  Al NAFTA que lidera Estados Unidos se le exportó por U$S 4 mil millones anuales y se importó por U$S 8 mil millones con un balance negativo de U$S 4 millones.
  •  A China se le exportó por U$S 5 mil millones y se importó por U$S 12 mil millones haciendo un balance negativo de U$S 7 mil millones.

Estos datos muestran que el bloque comercial que mejores oportunidades le ha generado a la Argentina en los últimos años es la Unión Europea. Es la zona a la que más se le exporta entre los tres principales bloques comerciales globales y de la que relativamente menos se importa. Estos antecedentes permiten sostener que la reducción de aranceles y demás trabas al comercio con la Unión Europea es, de las alternativas disponibles, la que mejores oportunidades ofrece a la Argentina.

De todas formas, los buenos resultados no están garantizados. La liberalización crea un ambiente propicio para generar más inversiones, más exportaciones y, con ello, prosperidad. Pero para lograrlo es imprescindible mejorar la competitividad. El punto de partida son reformas macroeconómicas e institucionales con la suficiente profundidad y consistencia que permita normalizar la economía. Es de alto riesgo integrarse con alta inflación y altas tasas de interés y un sector público deficitario y disfuncional. En lo sectorial, la estrategia no debe apuntar a defender los sectores amenazados sino promover los sectores con potencialidad para formar parte de las cadenas de valor de las empresas europeas. Para el caso de los sectores industriales hoy protegidos en el Mercosur (automóviles, autopartes, maquinaria, químicos y farmacia) lo recomendable es planificar y armar cadenas de valor productivas con sus casas matrices que en su mayoría son europeas.

La peor estrategia es dilatar la aprobación en el Congreso. La razón es que, una vez que el Parlamento Europeo apruebe el acuerdo, cualquier país del Mercosur puede avanzar de manera independiente en su aprobación. Es decir, que las aperturas de mercado se aplicarán de manera inmediata sin estar condicionada a lo que hagan el resto de los países del Mercosur. Dicho de otra manera, si la Argentina dilata su aprobación, pero Uruguay, Brasil o Paraguay lo aprueban, la protección que da el Mercosur se resquebraja de hecho, porque las inversiones las recibirá el país que apruebe el tratado y los bienes de la Unión Europea entrarán por ese país sin aranceles a todo el Mercosur.

La liberalización del comercio exterior es una oportunidad. La manera de aumentar beneficios y reducir riesgos no es presionando al Congreso para que dilate su aprobación sino reclamando que tome medidas para ordenar el sector público. Los principales desafíos son equilibrar las finanzas públicas, simplificar el sistema tributario y generar un marco institucional favorable a la inversión y a la generación de empleos formales.

Fuente: IDESA